Cecilia Avendaño

Enfermedades Preciosas

ENFERMEDADES PRECIOSAS (apuntes en construcción)

Andrea Jösch (curadora)

La obra de Cecilia Avendaño ha girado en torno al retrato desde el año 2008, como un ejercicio elocuente entorno a la producción de imaginarios, tanto a nivel material como conceptual, abordando problemáticas estéticas, poéticas y políticas sobre la imagen. Le interesa investigar acerca de la identidad, el género y lo etario, desde la perspectiva de la construcción de cartografías corporales. En “Enfermedades preciosas” ingresa a un tema más introspectivo, que deviene de lo que se podría denominar autopoesis, analizando la capacidad tanto biológica como las tensiones entre los aspectos culturales, sociales y naturales que inciden en nuestro cuerpo y espíritu.

El oxímoron -enfermedades preciosas- se entiende entonces como un metáfora sobre la relación entre lo aparente y lo auténtico, la artificialidad en contraposición a lo genuino. Es un cuerpo indescifrable, indecible, una incertidumbre constante entre el poseer un cuerpo y ser cuerpo; un espacio intersticial entre la designación y la poesía; lo impuesto y  la necesidad de sanación por medio de las energías que abarcan la relación entre el humano y  la naturaleza. Virginia Wolf diría que “el estar enfermo es un estado en el cual se ve mejor el cielo”.

 

Existe una diferencia sustancial entre la enfermedad como sinónimo de martirio y el enfermo en proceso de transformación. La enfermedad está fuera, el enfermo está dentro, pero muchas veces no existe diferenciación aparente. Denise León comenta que “toda enfermedad, toda herida, es una transgresión de las fronteras del espacio corporal, más o menos dolorosa y más o menos profunda, que `abre´ él espacio clausurado del cuerpo”. Un espacio que las ciencias médicas, sobre todo desde el siglo XIX con la incorporación de la idea de cuerpo como objeto de estudio, análisis y control, pretende dominar para que los cuerpos se conviertan en un bien transable, manejado por y para el sistema y donde la enfermedad es la que controla la subordinación del individuo.

Foucault llamaría a esto lo bio-político, en donde “el control de la sociedad sobre los individuos no sólo se efectúa mediante la conciencia o por la ideología, sino también en el cuerpo y con el cuerpo. Para la sociedad capitalista es lo bío-político lo que importa ante todo, lo biológico, lo somático, lo corporal.” Este término nos da indicios de cómo el poder ha situado su preocupación desde la era industrial y postindustrial en estrategias de contención y sistemas disciplinarios que tienen que ver con lo corporal y con el cuerpo, a través de la construcción de políticas que regulan al individuo, interviniendo su crecimiento autónomo, estandarizándolo para ser aceptado, haciendo cumplir los requisitos tanto corporales y culturales  donde se está permitido transitar.

Los sistemas de circulación y edición de ciertas imágenes fotográficas han contribuido en parte a la jerarquización y discriminación social de aquellos cuerpos, a la clasificación de estándares de color de piel, de gestualidades, de morfologías, de apariencias. Para Avendaño sus imágenes solo están “listas” cuando son capaces de superar la apariencia y dejan abierta alguna pregunta. Son en sí un recorrido, un viaje a lo más íntimo, un espacio que se construye buscando lo incierto de lo humano. Enrique Lihn en su Diario de muerte, dice que “las palabras que usamos para designar estas cosas están viciadasno hay nombre en la zona muda.” Podríamos decir que existiría una cierta forma de espiritualidad en aquel sigilo, que si bien es indescifrable, se vive y se siente.

 

A la enfermedad se le señaliza y encasilla, se la juzga. El enfermo ingresa a un estado de dolor, pero sobre todo de marginalidad, donde es incapaz de escuchar sus propios impulsos, contener su propio cuerpo. Se nos quiere hacer creer que mientras menos uno escucha su propio ritmo biológico más sano se está. Nuestro cuerpo responde entonces a influencias externas y no es capaz de conectarse a su propia naturaleza, a sus propias exigencias, a sus propios ritmos. La enfermedad se convierte en una  apariencia indeseable, se oculta, se maquilla, se desplaza, se silencia.

 

En la cultura occidental el dolor del cuerpo se equipara a un acto violento, a una suerte de tortura, que debe ser minimizada cuanto antes. Nos sedan para no sentir dolor, para no escucharnos. Susan Sontag hablando sobre los tuberculosos en su libro “La enfermedad y sus metáforas”, dice que el ardor lleva a la “disolución del cuerpo” , mientras que “en la Ilíada y en la Odisea, la enfermedad aparece como castigo sobrenatural, como posesión demoníaca o como acción de agentes naturales”. La enfermedad sería entonces un castigo, en donde solo por medio de la polaridad se podría llegar a sistemas de oscilación, que permitan ver el conjunto de lo que significa el ser cuerpo. Laotsé dice:

 

Resistir determina: no resistir,

confuso determina: simple,

alto determina: bajo,

ruidoso determina: silencioso,

determinado determina: indeterminado,

ahora determina: otrora.

Así pues, el sabio

actúa sin acción,

dice sin hablar.

 

En occidente, según Le Breton “el divorcio respecto del cuerpo (…) remite, históricamente, a la escisión entre la cultura erudita y lo que queda de las culturas populares, de tipo comunitario. Esto son los orígenes del borramiento ritualizado del cuerpo, tan típico de la modernidad. Desvalorizado por los sectores sociales privilegiados de los siglos XVI y XVII, en las capas populares el cuerpo sigue ocupando un lugar central, pivote del arraigo del hombre al tejido del mundo. Aparecen, por lo tanto, dos visiones del cuerpo opuestas: una lo desprecia, se distancia de él y lo caracteriza como algo de materia diferente a la del hombre al que encarna; se trata, entonces, de poseer un cuerpo; la otra mantiene la identidad de sustancia entre el hombre y el cuerpo; se trata, entonces, de ser el cuerpo”.

 

Para el mapuche, como comenta Ziley Mora, “no existe una palabra que se traduzca por “enfermedad”. Se recurre al término kutran – “dolor” – que es más bien un efecto o característica de aquella. Porque enfermedad denota un estado y, como fijar un concepto en una palabra-sonido es fijar una realidad, nuestros antepasados indígenas estimaron demasiado serio “crear” una fuerza capaz de perpetuar una amenaza más a la siempre precaria existencia humana.” Es ahí donde la relación humano – naturaleza viene a ser significante, como en la relación inseparable de la machi con la naturaleza. La sabiduría está en saber escucharse y en sanarse con lo que te protege: la luz, la naturaleza, los astros, la tierra.

 

Vivimos inmersos en un mercado del cuerpo, que cobra por silenciarlo o borrar los descalces, en donde la identidad está asociada al deseo de poseer, mientras que para el mapuche la identidad es una búsqueda espiritual y material pues “nadie puede saber dónde ir sino sabe de dónde viene”.

En el proceso de producción de los retratos de estas enfermedades preciosas, Avendaño esculpe, por medio de la postproducción digital y la producción de la indumentaria y escenografía, la posibilidad de una existencia autónoma, que por medio de recursos estéticos y tecnológicos, pretende capturar nuestra mirada para desafiar nuestras propias creencias sobre la existencia espiritual, sobre la posibilidad de mirarnos a nosotros mismos para sanarnos.

  • E.P , 2018
  • Photography and digital montage, Giclée print in Dibond Canson Infinity PhotoSatin Premium 270 gr paper, 110 x 110 cm
  • EP 05, Enfermedades Preciosas, 2017
  • Digital Photography and Photomontage, Giclée Print 120 x 100 cm
  • EP 03 Enfermedades Preciosas, 2017
  • Digital Photography and Photomontaje, Lustre Print on Hahnemühle cotton Photo Rag Paper,120 x 100 cm
  • EP 04 Enfermedades Preciosas, 2017
  • Digital Photography and Photomontaje, Lustre Print on Hahnemühle cotton Photo Rag Paper, 100 x 140 cm
  • E.P 1 Enfermedades Preciosas, 2016
  • Photography and digital montage, Giclee print in photographic paper, 140 x 110 cm.
  • E.P 2 Enfermedades Preciosas, 2016
  • Photography and digital montage, Giclee print in photographic paper, 90 x 150 cm.