Bruna Truffa was born in Arica, north of Chile, in 1963, where she lives for 16 years – that’s why geography becomes an important issue in her life and work. Grow in the desert, live in a territory of cultural crossovers and boundary, leaves a deep mark in her view. The horror vacui, the exacerbate colors, the frontier visual traffic, the cultural interlace and baroque completes an incessant pulse in her work.

In 1979 travels to Santiago to undertake her studies in art at Universidad de Chile, which didn’t flourish, and her career is assembled at many schools (Universidad de Chile, Universidad del Pacifico, Instituto de Arte Contemporaneo) and different subjects; goes through pedagogy, art, graphic design and costume design. Finally, she starts with painting, language where she feels comfortable, and she stays not to leave it anymore.

Her career as an artist begins in the 80s, inserted during the military dictatorship, a land that becomes feral; the cultural desert in that times contrasts with her generation. It is imposed as a colorful scream, with a nourished impulse to make and put together, right from the start, a radiant vision driven by passions, powers and a way to resist the status quo. Get back to painting was a support, a support of faith, a generational light, in a Chile where all hopes had faded.

In 1989 travels to Spain and settled in Madrid for 5 years. She studies a postgraduate on esthetics and philosophy on 20th century, and works in Madrid until she returns to Chile in 1993.

She lives in Santiago, where she works so far, and exhibit both in Chile and abroad. Participates at the Biennial of Cuenca Ecuador (winning the first prize) and Biennial of Habana Cuba; exhibit in museums and galleries in Rome, Mexico, Spain, Germany, Brazil, etc. Also, joins with her work in different fairs like Art Central, Arco, Valencia, Chaco, Art Lima.

Bruna Truffa, nace en Arica, el norte de Chile, en 1963, en donde vive hasta los 16 años, por lo que la geografía se transforma en un eje importante en su vida y obra.  Crecer en el desierto, vivir en un territorio de cruces culturales y frontera, dejan una huella profunda en su visión. El horror vacui, el colorido exacerbado, el tráfico visual fronterizo, el entrecruzamiento cultural y el barroco son un pulso constante en su obra.

En 1979 viaja a Santiago a emprender sus estudios de arte en la Universidad de Chile, los que no prosperaron, y su carrera se arma de un divagar en escuelas (Universidad de Chile, Universidad del Pacífico, Instituto de Arte Contemporáneo) y materias diversas; pasa por la pedagogía, el arte, el diseño gráfico y de vestuario, finalmente llega a la pintura, lenguaje con el que se siente cómoda, donde se instala para no dejarla.

Su carrera como artista parte en los 80’s, inserta en plena dictadura militar, territorio que se hace agreste; el desierto cultural reinante se contrasta con su generación, que se impone como un grito de color, con un nutrido impulso por el hacer y armar desde cero una visualidad radiante impulsada por pasiones, fuerzas y a modo de resistencias al estatus quo. La vuelta a la pintura fue un sostén, un soporte de esperanza, una luz generacional, en un Chile donde todos los anhelos se habían desvanecidos.

El año 1989 viaja a España, radicándose en Madrid por 5 años, donde estudia un post-grado en estética y filosofía del siglo XX y exhibe y trabaja hasta su regreso a Chile en 1993.

Se radica en Santiago donde trabaja hasta la fecha. Expone tanto en Chile como en el extranjero, participa en la Bienal de Cuenca Ecuador (gana el primer premio), bienal de la Habana Cuba, expone tanto en museos como en galerías, en Roma, México, España, Alemania, Brasil etc. Participa con su obra en diversas ferias como Art Central, Arco, Valencia, Chaco, Art Lima.

“I’m a primitiv, a daughter of yerterday’s country, a mestiza and a hundred things apart”
Gabriela Mistral, letter to Matilde Pomez

 Bruna Truffa’s work has been characterized for elaborate discourses that move from figurative and Pop to Neo Baroque; with striking, ironic and dissonant visual proposals, showing a special confrontation between Fine Art (as oil painting) and Popular Art, taking back from it, resources such as embroidery, crafts, decorative arts and collage, etc., which are recognized as non-traditional techniques within the world of classical painting

With her work, she also boards the miscegenation issue as a feature of national identity that belongs to latinamerican people, from where she extracts the “Popular religiosity and iconography”, adapting them to her own and including it into her private imagination. Her work has been prominent for having a delicate and, at the same time, a critical “female” look that remains constantly in her through its already extensive work in art.

In this last work Truffa develops a series of paintings with large and small sizes, arranged into series and polyptychs. Paintings that reveals baroques lands, weirds, exotics or marvelous, dry or tropical. Like a lost world and at the same time a dreamed land, this new painting seems to take a previous experience and turn it maybe in an ambiguous and even a suggesting way, boosting us to explore worlds of fantasy and dreams. In this series, the artist seems, indirectly, to put her eyes into her childhood, in her early memories. A dry land of wild flora is used to evocate her own remembrance at the north, that burned and brilliant light in the desert. The image does not represent Chile, but the artists shakes it, transform it and reflects it as an internal space of the canvas. Her eagerness to collect is clear, product of these fortuitous and abundant encounters in Bruna Truffa’s work, from her surrealistic rides, the nostalgia on her travels into the memory, extracting and taking images of different worlds, both the high and low culture, oriental or occidental, which serves as a pretext to arm her delirious and crowded lands. With a sweet and bright gamma, warm colors with acid but subtle touches, the work seduces and invite us to make a journey at the center of the painting. In this recent series, Truffa presents a novelty, makes a switch into her work, showing a new chromatic gamma, exploring unknown shapes and techniques in her production.

“Yo soy una primitiva, una hija del país de ayer, una mestiza y cien cosas más que están al margen”

Gabriela Mistral, carta a Matilde Pómez

La obra de Bruna Truffa, se ha caracterizado por elaborar discursos que se desplazan desde la figuración, el pop al neo barroco; con llamativas, irónicas y disonantes propuestas visuales, mostrando una especial confrontación entre el arte culto (como es la pintura al óleo) y el arte popular, retomando de éste, recursos como el bordado, las manualidades, las artes decorativas y el collage, entre otros, las que se reconocen como técnicas no tradicionales dentro del universo de la pintura clásica.

Con su obra ha abordado también la temática del mestizaje como un rasgo de identidad nacional y propio de los pueblos latinoamericanos de donde extrae la “Religiosidad Popular y su Iconografía” adoptándolas como propia e incluyéndola dentro de su íntima imaginería. Su obra se ha destacado por tener una delicada y a la vez punzante mirada “femenina” que se mantiene como una constante, a través de su ya extensa labor en el arte.

En este último trabajo Truffa desarrolla una serie de pinturas de gran y pequeño formato, dispuestas en series y polípticos. Pinturas que nos revelan paisajes barrocos, extraños, exóticos o maravillosos, secos o tropicales. Como un mundo perdido y a la vez soñado, estas nuevas pinturas parecen recoger la experiencia anterior y volcarlas de un modo quizás más ambiguo y hasta sugerentes, impulsándonos a explorar mundos de fantasía y sueño. En esta serie, la artista parece, indirectamente, poner sus ojos en su infancia, en sus recuerdos tempranos. Un paisaje seco de flora agreste le sirve para evocar su propia memoria nortina, esa luz quemada y brillante del desierto. La imagen no representa Chile, pero la artista la adopta, la transforma y la refleja como un espacio al interior de la tela. Su afán de recolector acá queda en evidencia, producto de esos encuentros fortuitos y abundantes en la obra de Bruna Truffa, proveniente de sus paseos surrealistas, de la nostalgia de sus viajes en el recuerdo, de los que extrae y recoge imágenes de mundos diversos, tanto de la alta como de la baja cultura, orientales u occidentales, que le sirven de pretexto para armar sus delirantes y atiborrados paisajes. Con una gama dulce y luminosa, de colores cálidos a ratos ácidos pero sutiles, de los que hace uso y con los que nos seduce e invita hacer un viaje al interior de la pintura. Truffa en esta serie reciente presenta una novedad, hace un giro dentro de su trabajo, nos muestra una nueva gama cromática, explora formas y técnicas inéditas en su producción.

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